lunes, 19 de marzo de 2012

Carta del Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales

Tribuna (http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/03/07/mall-de-castro-el-desarrollo-m.asp)Miércoles 07 de Marzo de 2012
Mall de Castro: El desarrollo mal entendido de nuestras ciudades



Emilio De la Cerda Errázuriz
Secretario Ejecutivo
Consejo de Monumento Nacionales



Las imágenes difundidas recientemente, donde se evidencia la lamentable relación que establece el nuevo mall de Castro con su entorno, son claramente motivo de atención y justifican la inquietud expresada por diferentes actores sociales. Luego de recorrer la isla durante los últimos días, constatando en terreno que el mayor impacto del proyecto se produce desde el canal, afectando gravemente el escenario paisajístico de la ciudad y en menor medida al de la Catedral, quisiera ahondar en ciertos aspectos de la discusión.

Durante la postulación de las 16 iglesias de Chiloé como Patrimonio Mundial, se aseguró una protección para cada conjunto bajo la categoría de Monumento Histórico de la Ley 17.288. Además, fue definida un área de amortiguación que en Castro consideró sólo la Plaza de Armas y parte de la manzana del templo. Por lo tanto, este polígono no incluía un área significativa de la ciudad, no estaba refrendado por una categoría de protección territorial de la ley chilena y dejaba fuera el predio sobre el cual hoy se construye el mall.

Podrá argumentarse ahora que esta indicación fue insuficiente o que debió declararse una Zona Típica (ZT) amplia capaz de evitar esta aberración urbana. Siendo razonable este planteamiento, es importante señalar que encierra supuestos delicados, ya que pretender facultades normativas en la categoría de ZT y en la Ley de Monumentos, es reconocer tácitamente que los instrumentos que deben dictar las pautas de crecimiento y planificación de nuestras ciudades, los Planes Reguladores Comunales (PRC), se han acostumbrado a cometer errores gruesos y a no garantizar el bien común.

Este juicio, duro y preocupante, es respaldado por las múltiples solicitudes de declaratorias de ZT que diversas comunidades han ingresado para evaluación del Consejo de Monumentos en los años recientes. Muchas de ellas buscan evitar que sus barrios caigan en procesos de deterioro ligados a iniciativas mal entendidas de desarrollo, y no siempre se justifican desde un punto de vista patrimonial. El riesgo que encierra este proceso es que confunde el objetivo de los distintos instrumentos legales, buscando en la ZT un escudo para protegerse de la falta de visión urbana, los intereses y el voluntarismo de muchos PRC.

Este problema no se soluciona manipulando la Ley de Monumentos, sino mejorando los estándares de elaboración de los PRC, incorporando a la comunidad en un proceso vinculante que le permita decidir sobre el futuro de su territorio y mejorando la coordinación entre los distintos instrumentos sectoriales. También se mejora aplicando estrictamente la norma y no haciendo de ella un marco referencial, ya que ningún proyecto en nuestro país puede construir 10 mil metros cuadrados adicionales a lo autorizado, lo que en la práctica se refleja en tres pisos extras, y arreglar el "descuido" por secretaría, buscando resquicios legales o confundiendo a la opinión pública.

Se ha intentado argumentar que este es un tema local, ya que la comunidad estaría a favor del nuevo centro comercial, o que la fachada definitiva será armónica porque incorporará revestimientos imitación madera. Este tipo de defensas eluden el fondo del problema y no hacen más que confirmar la frivolidad con que parecen tratarse los temas urbanos. El primer argumento es falaz porque perfectamente podría pensarse, desde el instrumento de planificación, en un centro comercial para Castro acorde a su trama urbana, a la escala de sus construcciones, a su capacidad vial o a su escenario paisajístico. El segundo es equivocado, porque supone que la decoración puede disimular los profundos errores conceptuales de un proyecto, y eximir de culpas a los distintos actores involucrados.

Espero que la próxima vez que hablemos del patrimonio de Chiloé lo hagamos para celebrar las notables iniciativas en curso y no para lamentar proyectos como el que ahora nos ocupa. Destacar, por ejemplo, la sensata y ajustada puesta en valor del fuerte español de San Miguel de Ahui o la restauración que la Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé y Subdere han iniciado recientemente para los templos de Nercón y Rilán. Así se construye un país y no con la prepotencia y la mediocridad rampante que propone este nuevo mall de Castro.

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